miércoles, 1 de junio de 2011

ME HE MUDADO!!!

A ODAS MIS SEGUIDORAS QUIERO INFORMARLES K ME HE MUDADO DE WEB FAVOR ESTA E SMI NUEVA PAGINA http://mibaulromantico.webnode.es/ LAS ESPERO

NO ESTOY ACTUALIZANDO EN ESTE BLOG 

martes, 28 de diciembre de 2010

Capitulo 8

Como había dicho Diana, al llegar a su casa había llamado al dueño del local después de unos minutos tratando de convencer al dueño que le bajara algo de la renta, este no cedió ni un pie. Diana colgó con una frustración que no podía soportar ¿Qué voy hacer ahora? esta pregunta martillaba en su mente como una potente aguja provocándole un dolor en su alma.
Ya había pasado algunas semanas y Diana se mostraba sonriente a pesar que el dolor persistía en su corazón, el tiempo límite se estaba acercando y Diana le dolía que por primera vez todos no tendrían donde pasar la navidad e incluso los pequeños que no entendí el mundo y a veces ella misma ni entendía.
―La veo muy triste, su sonrisa no llega a sus ojos. ― Eduardo había pasado los días observándola y se vio tentado acercarse a ella era su primer paso para tenerla de cerca.
―Estoy feliz no hay nada triste en mí. ―Diana sabía que mentía, además que caso tenía en decirle a él lo que le preocupaba si era por el que se preocupaba y tampoco él podía hacer nada por ella.
―No se te da bien mentir. ―Por alguna razón involuntaria Eduardo toco su mejilla, su piel era tan suave como él había soñado, y al sentir que Diana se tensaba retiro la mano.
―En serio. Estoy bien. ―Diana había sentido como el simple tacto inofensivo le produjeron una descarga eléctrica inexplicable.
Eduardo no parecía muy convencido, la tentación que le daba era rodearla con sus brazos y consolarla, murmurarle palabras de consuelo, si ella supiera quien realmente era, él sabía que solo él podía ayudarla. No era el momento de mostrarse realmente aun no tenía la confianza en ella ni ella en él, había que seguir en su plan.
― Y cuéntame de usted. ―Diana cambio el tema bruscamente.’
―No hay mucho que contar. ―Eduardo contesto sorprendido por la repentino cambio del tema, obviamente ella no quería hablar y el decidió no presionarla.
― ¡Oh Vamos!, siempre hay una historia en cada persona. ―Diana busco su mirada.
Eduardo pensó en que decirle, odiaba mentir y más a una joven hermosa que lo miraba con sus ojos de color avellana.
―Vengo de una humilde familia, mi padre y mi madre eran gente trabajadora, que nos educaron en un hogar pobre.―Eduardo hablaba pausadamente eligiendo mejor las palabras.
―Es hermoso tener unos padres maravilloso.

―Y de ti. ―Eduardo giro la conversación sutilmente.
―Yo tuve una madre ejemplar, ella me crio sola cuando mi padre fue asesinado por unos ladrones. ―hablo con emoción y con tristeza.
―Lo siento mucho, debió ser duro para tu madre haberte criado sola.
―Sí... Por eso la quiero mucho, ella me enseño todo lo que se, fue mi maestra en todo , madre, amiga , confidente y consejera, ella me enseñó a amar a los demás siempre me decía que cuando uno amaba a alguien o al prójimo uno se acercaba mas a Dios, decía que siempre había un propósito en cada ser humano.
―Creo que tú haces un trabajo que casi nadie valora, y lo que haces lo hace con amor, darle algo de luz y de esperanza al que no tiene es admirable, tu amor por los que no cuenta con lo suficiente para vivir es muy noble de tu parte. ―Eduardo la miraba directamente cada día que pasaba con ella crecía su admiración y deseo de protección y también un deso tan profundo de….besarla


domingo, 19 de diciembre de 2010

Capítulo 7

Bueno chicas despues de unas vacaciones muy buenas aqui les dejo el siguiente capitulo
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Pasaron varios minutos en que las miradas de ambos se cruzaron, cada uno se perdían dentro de sus miradas, por algún motivo inexplicable Diana no podía comprender cómo esos ojos azules la envolvía de una forma tan íntima, tampoco podía quitarse de la mente aquel hombre de una fortaleza extraordinaria.
Eduardo contemplaba en silencio el rostro, Diana no era de esas mujeres en la cual él estaba acostumbrado a tratar, todo lo que había en ella le atraía demasiado, le quitaba el dueño, y en sus pensamientos estaba constantemente ella. Por otro lado el que sentía miserable por mentirle cuando no necesitaba nada aparentemente. En su corazón le dolía aprovecharse de su generosidad y buen corazón. En cuanto a lo que él veía, decidió ayudarla de hecho le agradaba su forma de ser.
Decidido a romper el vínculo visual, Eduardo comenzó a caminar hacia ella sintiéndose cada vez más nervioso.

―Hola … Diana. ― La saludó tratando de calmar los latidos del corazón.
―Hola Eduardo. ― Contestó con una deslumbrante sonrisa.
― ¡Diana ya era hora de que llegara!. ― Belice se le unió tan pronto vio entrar a su amiga.
― Perdona ya sabes estaba viendo algunos edificios. ― Contestó con nerviosismo consciente de que Eduardo las escuchaba.
Belice estudió el rostro de su amiga era obvio que estaba nerviosa, notó que disimuladamente su amiga mira al hombre grande que fruncía el ceño.
―¿Porque no hablamos en oficina?. ―Belice sin darle tiempo la llevo a rastra hacia la oficina. ― Y .. ¡Bien cuenta mujer!
Diana le conto sobre el problema que el dueño del local estaba pasando y los motivos justificables para vender el local, así también le conto que vio varias estructuras algunas son bastante costoso para ella alquilarla y otras no eran suficientemente grandes para atender las necesidades de todos.
―Por otro lado encontré uno bastante bueno, está ubicado en el centro del parque, me gusto lo único que no se, es el precio. ―Termino con voz cansada.
― ¿Por qué no la llamas?. ―le aconsejo su amiga.
―Lo hare esta tarde. ― dijo Diana.
Eduardo tan pronto se fue Diana o más bien dicho cuando su amiga se la llevo, rápidamente salió del refugio y fue directo a su apartamento unas llamadas es lo que el haría para averiguar qué era lo que la tenía triste y preocupada.
Pasaron varias semanas y Eduardo seguía viendo a Diana como trabajaba en el refugio, no solo eso el personalmente había asignado un investigador que averiguara todo y al cabo de unos días el mismo investigador le presento los resultados de dicha investigación. Eduardo ahora tenía conocimiento de su tristeza.
― ¿Qué piensas hacer ahora que sabe todo?. ―Le pregunto su amigo en cierta ocasión.
―Ayudarla, de ninguna manera voy a permitir que los se queden sin refugio y muchos menos que Diana pierda lo que tanto ella ama. ―Contesto con una sólida decisión.
―Sé que lo hará, aunque hay un motivo muy importante.
―Me gusta ella por qué negarlo ¿No?. ―Eduardo se volvió hacia la amplia ventana de su oficina. ―Es tan diferente, no es que sea sostificada ni que vista de todo lujo, lo que me gusta es su sonrisa sus ojos y determinación.
―Se te nota en la cara, pero ¿no estas saliendo con ella?
―No además no puedo invitarla a cenar. Recuerda soy vagabundo. ―Dijo con voz preocupada.
―no lo he notado, te aconsejo algo piensa bien.
Eduardo lo sabía perfectamente bien, lo único que le preocupaba es que él se estaba enamorado de ella, lo que el sentía no era un simple gusto era algo más fuerte, su único deseo era abrazarla y besar esos labios tan tentadores, de sentir su pechos sobre su fuerte torso, quería recorrerla con sus grandes manos sentir su piel aquel pensamiento lo puso muy excitado y tuvo temor de que alguien lo notara.
Diana… ¡oh mi bella Diana!…….aquel bellos pensamiento embriagaba su mente y corazón.



jueves, 9 de diciembre de 2010

Capitulo 6

Eduardo entro por la puerta del refugio y le dedico una sonrisa a cada persona que pasaba por su lado, con su mirada busco a Diana, para su desilusión no la vio y de pronto se sintió preocupado ¿le habrá pasado algo? ¿Estará enferma?.
― Buenas tardes. ¿Buscas algo?. ― La voz amable de Belice lo saco de su propósito.
―Hola …Buenas tardes. ― le devolvió el saludo.
Eduardo siguió recorriendo su mirada con la ansiedad de verla. Belice lo estudio y como si adivinara sus pensamientos supuso que buscaba a Diana.
―Si Busca diana no está. ―le informo sin dejar de sonreírle.
― ¿Esta enferma? ―pregunto disimulando su preocupación.
―No…solo está resolviendo algunos convenientes. ― Contestó en forma formal. ― ¿Desea café?
―Gracias. ―se sentó y la observo con interés, La chica que era hermosa, media alta de cabellos azabache y rebelde era delgada y poseía una son risa deslumbrante a diferencia de Diana que era más llenita y le agradaba mucho, su cuerpo era tan deseable que había soñado con desplazar sus manos por sus curvas. Desde que la vio sintió un deseo primitivo. Por un lado quería saber todo, no obstante por ahora era no prudente indagar más profundo. Belice le sirvió el café y lo estudiaba simuladamente, ¡Que Guapo era!.
― ¿Hace mucho que nos visita? ―estableció una conversación a modo de estudio
―En realidad no mucho. ―contesto cautelosamente.
―Pues espero que nos siga visitando.


Diana paso toda la tarde buscando un local para ubicar el refugio, desde que la directora decidió mudarse de cuidad, Diana con Belice había decidido seguir trabajando en el refugio a pesar que no recibían los ingreso necesario para el mantenimiento y menos para sostenerse, Sequió caminando un letrero capto su atención, Diana se acercó y comprobó <>,Rápidamente Diana saco de su bolso un lápiz y pedazo de papel y anoto el numero, tan pronto cuando llegara llamaría ¡0jala sea ajustable a su disposición económica.

Eduardo comió como de costumbre, también a provechó para hablar con otros vagabundo, sin embargo había una familia que estaba en una esquina. El hombre tenía una mirada cansada y triste Eduardo calculo que tenia unos veinte y tres, su mujer era mucho mas joven y sus niños estaban asustados.
― Es la primera vez que lo veo.
―Hace días que nos quedamos sin hogar, no sabia que hacer, perdí mi trabajo.. ―Se mostro muy angustioso y desconfiado.
―Es difícil.. ―Eduardo sintió compasión por aquella familia, las hora que pasaron Eduardo lo animaba y al rato el hombre se sentía mas relajado y animado una idea cruzo su mente había decidido ayudarlo y lo haría.
― ¡Llegaste Diana! ―La voz de Belice lo hizo girar busco con ansias la mirada de Diana.
Diana entro y su mirada se encontró con la de Eduardo, solo su mirada bastaba para que su corazón latiera con salvajismo…las miradas de ambos trasmitía un lenguaje silencioso Diana no entendía su creciente necesidad con el Eduardo no era el hombre que pudiera apoyarse y no era que lee importara el dinero, simplemente el no tenia hogar.
Eduardo estaba consiente que cada día esa mujer lo atraía mas.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Capítulo 5

Capítulo 5
Diana llegó temprano como de costumbre, lista para otro día más de trabajo, pero antes tenía que hacer una llamada muy importante con el dueño del local, en la noche casi no pudo pegar el ojo, por la preocupación que tenía sobre el refugio, entre otras cosas, la imagen viva del vagabundo golpeaba su mente en realidad no dejaba de imaginarse cómo sería realmente él.
Normalmente los vagabundos no le hablaban de su procedencia, quizás porque se sentían avergonzados de hablar de una parte de su vida, otros se limitaban a hacer cuentos cortos sobre su vida entre ellos, pérdida de familia, pérdida del empleo, abandono de sus hijos, etc. etc..
En cierta forma ella sentía una profunda tristeza por ellos, por otro lado se preguntaba ¿Qué le había llevado a Eduardo a vivir en las calles?, ¿Se lo contaría algún día?.
Diana no acostumbraba esforzar bajo ningún motivo a nadie , simplemente dejaba que ellos tomaran la iniciativa era lo más justo y ético. Diana se dirigió a su pequeño despacho para hacer la llamada. Con manos temblorosas marco en número y espero con paciencia
― Buenos días señor Sulaimán ― Saludó cortésmente.
― Buenos días querida. ― Contestó el hombre mayor con un tono de cariño.
Se produjo un breve silencio, Diana no estaba segura de lo que quería oír o más bien tenía que oír, ella tenía una amistad muy especial con el señor Sulaimán, hacía tres años, fue el mismo que desinteresadamente le había ofrecido el local no era grande pero era suficiente para albergar unos cuantos vagabundo, en ocasiones él se sentía orgulloso del trabajo que ella realizaba todos los días por esos hombres y mujeres que no tenían donde dormir o comer.
― Siento mucho que estés afectada por la decisión que he tomado, créanme querida que no ha sido fácil, pero tú comprenderás que un viejo como yo no puede buscar un empleo a estas alturas, estoy enfermo a punto de morir no me queda más tiempo en este mundo ¿lo comprende? ― Su voz sonaba triste y a Diana el encogió el corazón.
― Lo entiendo, y me da mucha tristeza― Diana luchaba contra el deseo de llorar.
― He gastado toda mi pensión en tratamiento, sin ver ningún resultado lo único que tengo para darme una digna sepultura es con el dinero del local.
― Lo comprendo perfectamente― Hablaba con el esfuerzo de tranquilizar su quebrada voz.
Diana sabía que él estaba solo en este mundo, nunca se había casado ni mucho menos había tenido hijo la poca pensión no le daba para vivir, y aún así el desinteresadamente le había cedido el local.
― Sin embargo te daré un plazo de dos semanas para que puedas conseguir un lugar.
―! Oh gracias! ― Al menos para Diana era una buena noticia, después de varios minutos hablando ella prometió que iría a visitarlo y él se mostró complaciente.
Cuando Diana colgó el teléfono sentía las más grande de la tristeza ¡Pobre señor Sulaimán! Y aprovechando que estaba sola le dio riendas a las lágrimas.

En la oficina
― ¿Y bien? ― Fran entró a la oficina de Eduardo y se sentó en unas de las elegantes sillas que había delante del amplio escritorio.
― Es más hermosa de lo que yo creía. ― Dijo simplemente.
― Ya me gustaría verla. ― Respondió con una amplia sonrisa. ― Lo que ella hace es muy admirable, el brindarle un poco de fe y esperanza es digno de aplaudir.
― Supongo que ella tendrá suficiente dinero para darle de comer a los demás.
― Por la forma que ella vestía no me daba esa impresión. ― Observó Eduardo.
Eduardo sabía perfectamente que ella es una persona fuerte, le había dedicado una sonrisa, le había ofrecido un techo y comida y él se sentía miserable o más bien un ladrón porque lo tenía todo y no le hacía falta de nada, entonces de repente sintió miedo ¿Y si ella llegara descubrir quién era él en realidad? ¿Por qué le preocupaba tanto esa mujer? ¿Por qué por la noche no podía dormir pensando en ella? Lo cierto es que al estar delante de ella sintió una respuesta silenciosa en su propio cuerpo.
― ¿Y qué piensas hacer? ― Quiso saber
― Por el momento me dedicaré a estudiarla quiero ver la forma de cómo ayudarla el edificio donde está ubicado el refugio no es adecuado para la gran demanda que en ella hay― Lo miró con expresión solemne. ― Quisiera pedir por favor.
― A ver ¿De qué se trata?.
Eduardo sabía que Fran nunca se negaría a un favor eran amigos y y en cierta forma se sentían unidos.
― Quisiera que me averiguara todo acerca de ser local y sobre todo quién es el dueño, ayer me dio la impresión de que había problemas lo vi en sus ojos aunque ella se esforzaba por sonreír. ― Le dio los datos del local.
― No te preocupes déjalo en mis manos, eso sí me tienes que informar todo a propósito ¿no tendrá una amiga disponible para mi? ― Fran mostró una traviesa sonrisa.
― No lo sé lo que puede averiguar― Sonrió también.
― Te dejo, me imagino que hoy irás allá, te sugiero que no comas mucho, ya sabes tienes que aparentar que no has comido en cuatro día― Dicho eso salió de la oficina.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Capittulo 5

Eduardo llegó a su apartamento en la madrugada, su día nunca había sido tan placentero, la compañía de Diana le hacía sentir otro, era como si volviera a vivir una pequeña aventura.
Diana le mostró las instalaciones del refugio, la cocina no era tan grande para tanta demanda, otra de las cosas que también notó es que no había suficientes camas para todos, sin contar que ella carecía de ayuda ,solamente una la ayudaba.
A pesar de mostrarse sonriente por alguna razón Eduardo había notado cierta preocupación y tristeza en su angelical rostro. ¿Quién será lo que le preocupaba? Se preguntó, mientras se despojaba de su disfraz de vagabundo e iba directamente al baño a darse una buena ducha para quitarse toda la mugre de la cara.
Mientras se bañaba en su mente estaba Diana, su rostro, sus ojos, sus labios en ese instante tuvo que hacer acoplo para no besarla allí mismo. Por una extraña razón la deseada, por algo que no entendía quería estar a su lado, quería conocerla, y lo más importante quería ayudarla.

En el apartamento:

Diana se despojó de su viejo abrigo y puso la calefacción a funcionar, la noche estaba más fría de lo usual, sin embargo no podía apartar de la mente a Eduardo. Diana nunca se sentía atraída por los vagabundos que ayudaba, su cariño hacia ellos era simplemente humanitario ¿Por qué pensaba tanto en él? Es una tontería se dijo ella ,solamente es producto de su mente cansada, se odio a sí misma por pensar en él cuando tenía que pensar en el futuro del refugio ¿y qué iba a hacer ahora? ¿De dónde iba a sacar dinero para abrir otro refugio?.
Lo cierto es que aquello era casi imposible de alcanzar, primero porque era una época navideña como era de esperarse había más demanda en construcción de tiendas, apartamento, o locales para uso de dirección, en lo más mínimo nadie pensaba en el bienestar de los que no tienen, ¡Rayos! Si tuviera una varita mágica desearía con todo el corazón que apareciera un refugio mucho más grande.
Diana de despojo de toda la ropa que le quedaba comprobó el agua y suspiro estaba caliente, gracias a Dios que el calentador funcionaba. Y se metió dentro del agua, ojalá el agua pudiera llevarse todas esas preocupaciones.
Mañana por la mañana había decidido llamar al dueño del local no para exigirle una explicación simplemente quería pedirle que le cediera al menos este mes en lo que ella pudiera encontrar otro local.

En el apartamento de Eduardo:
Eduardo comprobó las últimas cifras de los informes de venta en su ordenador, a pesar de concentrarse en ello realizó muy difícil, ya que pensaba mucho en Diana.
El teléfono sonó.
― Fran ¿Qué es lo que quieres saber?. ― Preguntó con un bostezo.
― ¿Como sabía que era yo?.
― Déjame ver, la única persona que se atreve a llamarme a las dos de la madrugada ¿No sería tu?.
― Está bien desembuchan. ― Fran fue directo.
― ¿Podemos dejarlo para mañana? estoy muy cansado― bostezo exageradamente.
― Esta bien. ― Fran parecía frustrado. ― Pero no te vas escapar a primera hora estoy en tu oficina y me contarás todos los detalles.
― De acuerdo. ― Y colgó dejándolo con la palabra en la boca.
Fran era su íntimo amigo juntos había crecido en un barrio pobre, ambos comparten la misma historia de su niñez, y de su juventud.
Mañana sería un día muy pesado pensó teniendo a Fran como una pulga adquirida en su piel, al acostarse puso sus manos atrás de su cabeza ¡Rayos! No tenía ni la más mínimo del sueño, su mente caminaba, las imágenes de Diana lo perturbada y excitaba a la vez, jamás en su vida se había sentido de esa manera con ninguna mujer, jamás en la vida ninguna mujer había logrado perturbarlo como lo hacía Diana…… Diana y con ese pensamiento se quedó dormido

lunes, 15 de noviembre de 2010

Capitulo 4

Diana miró al hombre grande que tenía al frente, era alto, tenía una barba negra con bigotes, vestía de ropa rota con un abrigo descuidado y rostro sucio, sin embargo a Diana le llamó la atención su ojos azules, la mirada de aquel hombre la ponía tensa e incómoda Diana se preguntó por qué una sola mirada bastó para producirle sensaciones extrañas ¡Por Dios que atractivo es!
Por otro lado Eduardo la recorrida con su mirada de cerca se podía apreciar su hermosura ojos estaban adornados con unas pestañas largas y gruesas su piel estaba salpicado con unas pequeñas pecas, de hecho era muy hermosa.
― No se quede afuera, le dará mucho frío. ― Diana le dedicaba una sonrisa, porque ella decía que una sonrisa que les daba a todos les hacía sentir bien.
― Gracias.¬― Contestó Eduardo con una media sonrisa.
La apariencia del interior del edificio estaba previamente pintado de un color azul claro, en un extremo había camas laterales, en el otro extremo había cuarto que posiblemente era la consigna, también había butacas cubiertas de una manta en colores, en la pared había un televisor pequeño que proyectaba una película clásica.
― ¿Cómo te llamas?. ―pregunto con suavidad.
―Eduardo. ―contesto después de analizar si mentirle o no, pero decidió no hacerlo, al menos el nombre era real.
―Eduardo….bonito nombre. ―Diana le señalaba una silla para que él se sentara. ―Si quieres puede quitarse el abrigo, al menos estará caliente.
―Gracias.. ―Se quitó el abrigo y lo puso en el espalda de la silla. ― ¿Cómo se llama usted?. ―se sento sin dejarla de mirar.
―Diana Mille. ― contesto con nerviosismo a ver el fornido cuerpo del hombre, es la primera vez que un hombre la impresionaba de tal manera.
―Es un placer conocerla Srta. Mille. ―Hablaba con educación.
Diana pensó que Eduardo no tenía pinta de ser vagabundo, más bien tenia pinta para otra cosa, vagabundos como él no se hallaba todos los días, desde ese instante le entro una curiosidad por saber porque un hombre tan atractivo fue un hombre vagabundo, eso sí un b un corte de cabello y una buena ducha serian suficiente para que dé vagabundo fuera una estrella de cine.
― ¿Cuando fue la última vez que comió? ― Le preguntó cómo siempre hacía con los que llegaban en el refugio.
― Desde ayer, en ocasiones suelo conseguir algo de comer. ― Odiaba tener que mentir, sin embargo lo único que deseaba era conocer a Diana sobre todo sintió un deseo por ayudarla, no hacía falta conocerla a profundidad para saber que era una mujer muy honesta y dedicada a ayudar a los demás. Otra de las cosas que se planteaba era de hacer una investigación profunda sobre su vida, también tenía la opción de que ella misma se lo contara.
― No se preocupe aquí hay suficiente comida para todos.
― ¿Hace cuanto está este repudio abierto? ― Quiso saber.
― Llegamos como unos tres años.¬― Lo miró mientras vertía sopa en el plato. ― Tratamos de mejorar la calidad de vida de todos, aunque ahí mucho por hacer.
― Me lo imagino. ― Comenzó a probar la sopa. Eduardo no le molestaba en lo absoluto la comida que muchos de sus colegas calculaban como algo denigrante, las langostas, caviar y y ensaladas o comida a la carta no se podía comparar con una simple sopa de pollo y le gustaba mucho.
Eduardo recordaba los días en que se había criado en un barrio pobre, su madre en los días de la Navidad, cuando su padre ganaba un poco más ese día se acaba un pavo, se podría decir que se comía dignamente, también le regalaba cuando se podía y eso él lo entendía.
Ya cuando su padre comenzó a generar ingresos gracias a su capacidad para invertir lo que podía pudo levantar una fortuna, su padre no se cansaba de decirle que estaba orgulloso de lo que había hecho.
Su nueva condición económica no aminoró la unidad y la dedicación y sobre todo el significado de lo que era la verdadera Navidad. Su madre aún hacía la cena de la misma manera que hacía antes.
SEPARADOR Pictures, Images and Photos

Les doy la más cordial Bienvenida a mi nuevo Blog, el motivo es para compartir mis más humildes escritos y libros, El romance y el amor y la pasión es mi fuente de inspiración para escribir espero que les gusten

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