sábado, 11 de septiembre de 2010

Un amor que no envejece

Sarah permanecía al lado de la cama de su esposo, sostenía su mano con delicadeza, sus ojos verdes recorría la pálida piel del hombre que más amaba en la vida. Aquel hombre que una vez era fuerte cuyos ojos azules brillaba con un destello jovial. Solo un hombre pudo ganarse el corazón y casarse llevando una vida entera a su lado.
Sarah Aun recordaba aquellos días de juventud, cuando teniendo apenas diecinueve años , conoció a Walter en un día soleado, recordó cuando su corazón comenzó a latir de manera tan desordenada como si quisiera salirse del pecho. Su primeras miradas, el toque de su piel sobre ella y sus palabras roncas por la pasión él era un hombre que sabía cómo amar y desde ese día ambos no dejaban de buscarse uno al otro. Tuvieron un noviazgo corto pero lleno de amor, hasta que un día Walter le pidió que pasearan juntos, Sarah recordaba que era una tarde fresca y tomado de la mano caminaron en silencio hasta llegar a un árbol apartado en la pradera.
Walter la miro con ojos de amor, la amaba con locura, tomo su mano entre las suyas y la miro directamente e hizo acoplo por controlar los latidos salvaje de su corazón.
―Sarah ¿Quieres casarte conmigo?. ―pregunto con suavidad.
Sarah lo miro con más ternura, con ojos enamorada y con un corazón que no dejaba de latir por él.
― ¡Si!..me caso contigo. ―respondió con el pecho inflamado de emoción.
La ceremonia se llevó acabo en una pequeña iglesia del pueblo, aquél día Sarah llevaba un sencillo traje blanco que le llegaba hasta los tobillos y en su cabellos una corona de delicadas flores blancas, Walter la esperaba con cara sonriente y Sarah no dejaba de mirar el cuerpo delgado pero fuerte de su pronto esposo.
Los años trascurrieron con mucha felicidad aunque había momentos en que la pareja se peleaban pero las reconciliaciones eran maravillosas, Sarah le había dado tres hijos Gabriel, Sam y Teresa. Walter disfrutaba viendo crecer a sus tres hijos frutos de su amor.
El tiempo trascurrió sus hijos crecieron y formaron sus propias familias, Sarah y Walter envejecían pero sus sentimientos y amor eran tan fuertes como el primer día.
―Recuerdo cuando nos casamos. ―Walter se volcó a ella aun en su lecho le dedicaba una sonrisa.
―Yo también…lo recuerdo. ―No dejaba de acariciar los cabellos que estaba blanqueados por el pasar del tiempo.
―Fuimos felices durante cuarenta años Sarah, me hiciste el hombre más feliz de la tierra, me distes unos hijos maravillosos y una vida que jamás cambiaria, eres la mujer que ha llenado mi vida de luz y de alegría. Me entregaste tu juventud y una vida entera, cada vez que pienso en lo afortunado que soy, no dejo de dar gracias a Dios. ―Hizo una pausa y cerro sus ojos mientras Sarah veía una lagrima que se escapaba y caía por la mejilla de su esposo.
―Tú lo has dicho Fuimos felices …y lo somos, tu ha sido el único hombre que he amado….―la voz se le quebró ¿Cómo podía continuar viéndolo así?. Semanas atrás el Dr. Likert le había diagnosticado un tumor maligno en el clebro y era inoperable aquella noticia destrozó a Sarah y a sus hijos.
―No me queda mucho tiempo.. Pero quiero decirte que jamás he sido feliz en toda mi vida, fuiste y eres una mujer de gran espíritu, tienes un corazón enorme, todo lo que hay en ti ha sido como una dulce bendición, cuando te vi por primera vez siendo casi una niña, y yo adulto pensé que tú eras la mujer que yo quería pasar el resto de mi vida. Cuando te entregaste por primera vez, yo sentí tu cuerpo temblar bajo el mío, esa pasión primitiva dentro de tu inocencia me volvió loco, aun recuerdo tu perfecto cuerpo tu figura y tus cabellos rojo. ―Hizo una pausa y luego continuo. ―frente a mis ojos vi como tu juventud desaparecía, tú piel se arrugaba y tus cabellos blanqueaba y te amé más como si fuera el primer día, me gustaba y me gusta tu risas y esa mirada tan encantadora, tu calor que calmaba el frio….Sarah hasta aquí he llegado, es aquí donde nos separamos pero no quiero irme sin habértelo dicho. Sé que no estarás sola porque estarás rodeado de nuestros hijos y nietos y me siento tranquilo.
Sarah no pudo evitar que las lágrimas callera, aquellas palabras le había escalado tan profundo como nunca.
―Tú también lo has sido.. y eres…y..
―No digas nada, ya lo sé. ―puso sus dedos sobre sus labios lo que sentimos es mutuo Querida y no hace falta que lo digas durante cuarenta años me lo has demostrado.
Walter la miro con ojos tristes como no queriendo irse sin embargo sabía que su muerte había llegado.
―Te amo. ―susurró Walter con más debilidad.
―Te amo― susurró Sarah y le dio el último beso, Walter le sonrió y luego cero los ojos y murió feliz.
Entonces Sarah lloro sobre el cuerpo inerte de en quien vida fue su amigo, esposo, amante y padre de sus hijos.

“El amor amor verdadero nunca envejece”

1 comentario:

  1. Bella novela.. Me hizo llorar. Espero que mi matrimonio sea así y lleguemos juntos hasta viejitos.

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Les doy la más cordial Bienvenida a mi nuevo Blog, el motivo es para compartir mis más humildes escritos y libros, El romance y el amor y la pasión es mi fuente de inspiración para escribir espero que les gusten

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