viernes, 12 de noviembre de 2010

Capítulo dos

Diana jamás había sentido un frío tan espeluznante como lo sentía ahora, a pesar que su abrigo era bastante grueso para mantenerla caliente, en esos momentos no era de buena ayuda, pero que podía hacer hubiera querido quedarse en su apartamento ,avanzó por las heladas calles de la ciudad, la ciudad estaba completamente adornada y en cada poste de luz había unos aguinaldos y muchas bombillas, por las noches era un buen espectáculo porque cuando se prendía las bombillas la ciudad brillaba en todo su esplendor.
―Buenos días señorita-un vagabundo que pasaba la saludó con mucha cortesía.
―Buenos días José-Diana se volvió a saludarlo. ―Te espero esta noche.
―Ahí estaré como siempre señorita. ―y el vagabundo sigo empujando un carrito que llevaba muchas cajas vacías, Diana lo miró con ternura, su amor por lo desvalido era un punto débil para ella, no era que ella tenía una vida cómoda y del lujo, pero si consideraba que lo que ella tenía le bastaba para vivir, ella vivía en un departamento pequeño y ni siquiera ganaba tanto para sostener las múltiples deudas que tenía, sin embargo eso no le hizo disminuir su espíritu navideño.
―Buenos días Han. ―Diana saludó al chofer que conducía el autobús que la llevaría hacia su destino.
―Buenos días Diana. ―contestó Han con su cordial sonrisa.
Era un hombre de 50 años de edad, casado con tres hijas y dos nietos, tal como todos ganaba su sustento de la mejor manera que podía hacerlo y era conduciendo el autobús, de hecho le gustaba mucho.
―¿Cómo está Lille?. ―Preguntó Diana por qué sabía que su esposa estaba enferma.
―Está mejor por ahora, Mari la está cuidando. ―contestó con un tono de tristeza.
―Han, ella es fuerte lo va a superar confía en Dios. ―le dio unas suaves palmaditas y se ubicó en el asiento de siempre.
―Buenos días a todos.
―Buenos días. ―contestaron todos los pasajeros a coro.

El chofer puso en marcha el autobús, Diana miraba por la ventana en esa época las tiendas se llenaban de tantas personas, parejas con sus manos entrelazadas y en su rostro brillaba la felicidad, también pudo observar a un hombre gordo con vestuario que seguramente le habrá costado una fortuna, el hombre gordo miraba con desprecio y repugnancia a un pobre vagabundo que pedía limosna. ¡Qué tristeza le dio en su corazón! Diana sabía que no podía cambiar a muchas personas y mucho menos obligarlas a que tuvieran un poco de amor. No obstante lo que ella hacía, por muy poco que fuera le llenaba de satisfacción.
― Llegamos Diana.¬― anunció Han y abrió la puerta del autobús.
― Gracias Han, y feliz Navidad para todos.
― Igual para ti.
El refugió estaba ubicado en un barrio de central de Nueva York, el edificio no era muy grande, estaba pintado de blanco y color café, en el interior había una parte con 20 camas, y una cocina con varias mesas de plástico color blanco, Diana hubiera querido expandir el refugió y añadirle más camas, pero en fin se hacía lo que se podía. y además el local no era de ella, sino de Sr Piller que se le había dejado para que usaran refugio
― Buenos días Diana.¬― La saludó Belice con su sonrisa deslumbrante.
― Buenos días Belice.¬¬― Diana fue directamente a su pequeña oficina.
― Estos son uno de los días más fríos. ― Comentó Belice que estaba apoyada en el marco de la puerta.
― Ironías de la vida, así es. ― Dijo con voz tensa.
― ¡Vamos Diana!, Hace todo lo posible por brindarle lo que puedes a todas estas personas.
― No es suficiente, y lo sabes-― Suspiró con cansancio.
Belice y Diana no sólo eran voluntarias del refugio, sino que eran muy buenas amigas, ella se conocían desde hace tiempo, y juntas compartían la misión de dar algo a los que no tenían nada.
― Lo sé, pero se hace lo que se puede y con lo poco que recibimos, ya sabes no todo el mundo es dadivoso.¬
― En efecto, a veces me dan las ganas…..
― A mí también, lo único que podemos hacer es lo que estamos haciendo hasta ahora.¬― Concluyó con orgullo. ― A propósito te llegó una carta del dueño del local. ―Belice le entregó el sobre.
Diana tomó la carta y la abrió, cuál era su sorpresa la carta le había tronchado sus esperanzas.
― ¡Por Dios su mujer! ¿Qué es lo que dice la carta? ― Preguntó con impaciencia Belice.

4 comentarios:

  1. Lo dejaste muy intirgnte mi niña.

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  2. ¡Me encantan tu baúl, Rosalinda!
    Por lo que veo estás publicando una nueva novela y ¡pinta muy bien!
    Precioso blog, niña.
    Abrazos desde España :)

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Les doy la más cordial Bienvenida a mi nuevo Blog, el motivo es para compartir mis más humildes escritos y libros, El romance y el amor y la pasión es mi fuente de inspiración para escribir espero que les gusten

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